A continuación otro texto de una de las alumnas de nuestros talleres de escritura creativa. Crudeza y ternura en justo equilibrio.

Texto: Marta Fierros.

Profesora del grupo: Montse Morata.

Ilustración: Pablo Miláns.

 

Sin mirar atrás

El momento que más emoción me produce es cuando salimos todas por la cinta, cada una de un color, lisas o con cuadros, unas desvencijadas, otras magulladas, algunas con adhesivos en la superficie, que les pusieron sus dueños para reconocerlas al primer golpe de vista. Y me gusta, sobre todo, ese otro instante, unas horas antes, en que me bajan del altillo y abren mis cerrojos, siempre empiezo a pensar dónde iremos… Si comienzan a echarme encima bikinis y bañadores, toallas y cremas, ya me imagino en una idílica playa tropical, como el verano pasado, mientras que si lo que me llena son modelitos vaporosos, tules y encajes, perlas y zafiros, porque, como os figuraréis, mi dueña es una preciosa mujer llena de glamour, entonces me veo en Saint Tropez o en Nueva York.

La última vez que me bajaron todo me pilló de sorpresa, nadie habría imaginado la que se avecinaba aquella tarde tranquila. Ella no había terminado de cerrar el armario donde me suelo encontrar cuando él apareció, vociferando… Hubo una tormenta de insultos y reproches, que si te ibas a ir sin avisarme, que si ya no soporto tus histerismos ni tus arranques, por mí te puedes ir y no vuelvas…

Al final ella acabó volcando sobre mí toda su ropa junto a su tristeza, sus collares envueltos en sollozos, sus infinitos pendientes de todos los tipos y tamaños, cayendo desordenados en uno de mis bolsillos.

Yo me negaba a que todo terminara así y, tras salir del ascensor, al bajar los cuatro escalones por los que se accede al portal, dejé que mis cierres se abrieran como signo de protesta. Salieron todos los vestidos despedidos, junto a la ropa interior, camisones y demás, y ella se desmoronó junto a mí y me abrazó, desconsolada. De uno de mis bolsillos cayó un pequeño marco con una foto, y una pulsera de plata con unas letras grabadas. Ella la miró, y por su mejilla rodó una lágrima. Hubo un momento en el que pareció que las cosas iban a volver a ser como siempre. Pero en el instante siguiente ella se secó la cara, su semblante dibujó una breve sonrisa y, acto seguido, me cogió por el asa y sentí un movimiento rápido, el mundo giraba muy deprisa a mi alrededor. Empecé a notar la brisa entre mis dos tapas y cómo se escapaban algunas prendas por el aire, que cayeron junto a la pulsera de plata, al igual que yo, en un contenedor, mientras veía cómo ella se subía a un taxi sin mirar atrás.

Marta Fierros

 

 

 

Marta Fierros Sánchez-Cuenca nació en Madrid el 24 de marzo de 1967. Estudió Ciencias Químicas, se doctoró en la Universidad Complutense de Madrid y lleva dedicada a la educación desde hace más de veinte años. Desde 2012 trabaja como profesora de Secundaria de Ciencias en la Unidad de Oncología Pediátrica del hospital HM Montepríncipe. Le encanta la lectura y le apasiona el reto de la escritura y el desarrollo de la creatividad, y eso es lo que la atrajo al Taller de Escritura Creativa de Montse Morata en Unico, donde cada jueves se convierte en una pequeña fiesta literaria.